Los minutos se convierten en kilos

Muchas personas llegan a la consulta del endocrinólogo o experto en dietética, temiendo que les entregue una tonelada de papeles que enumeran las comidas que deben comer y las que están totalmente prohibidas, o que les pida que alteren su rutina cotidiana, sus trabajos habituales, sus hábitos y su vida familiar. Todo para perder los kilos de exceso que llevan en su cuerpo.

Pero los expertos en adelgazamiento son cada vez más conscientes de que la mayoría de las veces no se puede cambiar radicalmente de estilo de vida y que la pérdida y el mantenimiento del peso, deben adaptarse a la realidad de cada paciente, porque de lo contrario termina abandonando el régimen.

Saben que a menudo asistimos a actos sociales o comidas de negocios que no podemos dejar de lado y concurrimos a celebraciones o citas familiares, festejos o fechas señaladas, en los cuales las transgresiones gastronómicas parecen inevitables.

Hay ocasiones especiales en las que uno puede darse un homenaje y saltarse la dieta. Sólo hay que tener presente que está comiendo mayor cantidad y que ha de compensarlo en la siguiente comida o en la anterior.



LOS MOMENTOS MÁS PELIGROSOS

Pero estas situaciones previsibles, no son las más peligrosas para el empeño de adelgazar.

En toda dieta hay momentos en que la pérdida de peso se desacelera, debido a las readaptaciones del organismo, a causas externas como la estacionalidad o a los procesos hormonales en el caso de la mujer. Se corre el riesgo de caer en el desánimo y el abandono de la dieta, si desconocen estos fenómenos.

Pero hay momentos aún más peligrosos para la dieta: el regreso a casa, la hora de la cena, la última comida del día con los niños, los picoteos nocturnos. Instantes críticos que surgen sobre todo por las tardes, noches y madrugadas, y que pueden sabotear los esfuerzos y control que hemos invertido para adelgazar.

Para la nutricionista Magda Carlas "la cena es prácticamente el único momento del día en que estamos en casa y la ocasión en que más errores cometemos en la dieta, sobre todo debido a las pocas ganas de cocinar, después de infinidad de quehaceres diarios que nos van restando energía".

"Así, acabamos comiendo galletas, frutos secos, quesos y embutidos, unas tostaditas y un sinfín de productos que aportan una cantidad de energía bastante superior a la de una cena clásica y cuyo valor nutritivo deja mucho que desear", señala.

"Para estas noches en que nos sentimos agotados, mas vale recurrir a platos sanos, en frío y en crudo", por ejemplo, una ensalada que aporte vegetales, alimentos proteicos, farináceos y algo de grasas, seguida de un postre que incluya un producto lácteo o una pieza de fruta cruda o cocida.

Además de la cena hay otros momentos y situaciones críticos durante los cuales hay que aprender a controlar su apetito:

La vuelta al hogar. Cuando la mujer retorna a la casa después del trabajo, detrás de la puerta puede desatarse todo el apetito contenido que ha acumulado a lo largo de la jornada.

En esos primeros minutos puede olvidar su dieta e ingerir algunos dulces o tarta para aumentar sus menguadas energías, rebasando en pocos minutos el límite de su aporte calórico diario.

Para evitarlo, conviene volver a la casa sin el estómago vacío, tomando a lo largo del día cada tres o cuatro horas: desayuno, almuerzo y cena, y uno o dos bocados bajos en calorías, como una taza de yogur bajo en grasas con trozos de mandarinas, una taza de consomé de guisantes; una rodaja de pan de cereales rociado con 30 gramos de queso crema, o un tazón de copos de maíz y trigo integral con media taza de leche desnatada.

Otra táctica eficaz: durante una semana, cuando llegue a su casa aléjese de la tentación durante 5 minutos. La segunda semana, amplíe la espera a 10 minutos, y la siguiente aún más. Una vez que controle la urgencia de llevarse algo a la boca durante 20 minutos, podrá controlar por completo sus impulsos de comer.



Comida infantil

¡Peligro.! Probar la comida de los niños, para persuadirles de que resulta apetecible o despacharse sus restos de comida, son hábitos que pueden sabotear la mejor dieta. Algunas mujeres suben muchos kilos "ayudando" a sus hijos a comer.

Para romper esa costumbre, limite la cantidad de alimentos que consume: si su hija deja cinco patatas fritas, coma sólo dos en lugar de dejar el plato vacío; si deja menos de cinco patatas, no coma ninguna. Si está dándole de comer a sus hijos antes de cenar usted, tome primero un tentempié bajo en calorías, para después sentirse menos inclinada a picar de sus platos.



Recompensas sí, calorías no

Después de trabajar ocho horas, preparar la cena, lavar la ropa, jugar con los niños y acostarlos, algunas mujeres sienten que se merecen una pequeña recompensa por tanto esfuerzo. Cada vez más nutricionistas piensan que hay que llegar a pequeños acuerdos con uno mismo, para no privarse de lo que apetece.

Para darse un pequeño premio, puede guardar parte de su postre o una galleta, para saborearlo más tarde, en lugar de comérselo con la cena, o tomar un descafeinado saborizado al chocolate, un té de manzanas o un helado de yogur sin grasa. Pero recuerde: una vez que haya ingerido su pequeño regalo, ¡manténgase alejada de la cocina, y apague las luces si fuera necesario!.

Solas, en la madrugada

Son las tres de la mañana, se levanta a ver a los niños y siente ganas de comer de forma urgente.

Medio dormida, con la guardia baja, come alguna "cosilla" de forma casi inconsciente, ingiriendo un buen puñado de calorías. Para saciar la punzadas nocturnas de hambre, puede dejar a mano en la cocina, una infusión de hierbas o algunos bocados diminutos, como una galleta pequeña o medio puñado de cereales y un poco de leche desnatada.

Si se levanta a menudo por las noches porque necesita utilizar el baño, intente no comer ni beber en las dos horas antes de acostarse, y evite tomar alcohol o demasiado café por la noche, para reducir sus "urgencias nocturnas".

Fuente: EFE (7 Septiembre de 2005)

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